DonorWhy DonateWho Are You HelpingCómo Karen y Catherine se convirtieron en madres

    Cómo Karen y Catherine se convirtieron en madres

    En 2016, Karen y Catherine (nombres ficticios) asistieron a una reunión en una clínica de fertilidad y, con ayuda de un donante de esperma, Karen dio a luz su pequeño en 2017. 

    El proceso para concebir con ayuda de un donante de esperma, bien sea que se trate de una  pareja lesbiana, heterosexual o de una  mujer soltera, es un proceso que comporta mucha reflexión, decisiones y, en ocasiones, preocupación. Queremos compartir las experiencias de otras personas para ayudarle a sentirse más tranquilo y disfrutar del viaje hacia la paternidad. Este artículo forma parte de una serie de entrevistas y otras historias personales de gente que ha tenido experiencias que pueden ser de ayuda a los futuros padres. 


    Cryos abre las posibilidades a las parejas LGBTQ mediante el uso de esperma de donante

    ¿Cómo tomaron la decisión de convertirse en madres? 

    Karen siempre quiso una familia. Quería incluso intentar hacerlo por sí misma si no encontraba la pareja ideal. 

    Catherine, sin embargo, al principio no quería tener hijos. Quizás porque no conseguía imaginar llevar un embarazo ella misma. Pero su actitud cambió durante los primeros años de nuestra relación, y con los años la idea de afrontar este viaje juntas se fue haciendo cada vez más natural. 

    ¿Cuáles fueron los primeros aspectos que consideraron al decidir tener un hijo?  

    Son muchas las consideraciones que hay que hacer cuando se es una pareja de mujeres lesbianas que desean tener un hijo. Por ejemplo: ¿Qué es lo correcto para nosotras? ¿Qué es lo correcto para el niño? Estas eran algunas de las inquietudes que tuvimos durante años, y estamos convencidas de que tomamos las decisiones correctas, tanto para nosotras mismas como para nuestro hijo. 

    Entre estas inquietudes, nos apremiaba sobre todo responder a estas dos preguntas: 

    ¿El donante debería ser una persona conocida? 

    Esta idea la descartamos rápidamente. Queríamos que el niño fuera nuestro; no queríamos criarlo junto a nadie más. 

    ¿Debería ser un  de Identidad Revelada para que nuestro hijo pudiera ponerse en contacto con él en un futuro? 

    Catherine tenía muchas dudas al respecto; le preocupaba involucrar a alguien más en la vida de nuestro hijo. Sin embargo, después de ver varios documentales sobre los hijos nacidos con gametos de donante y su deseo de conocer su origen biológico, logramos llegar a un acuerdo sobre este punto. Queríamos que nuestro hijo, al crecer, tuviera la posibilidad de ponerse en contacto con el donante. 

    Decías que Catherine jamás se imaginó estar encinta. ¿Eso ayudó a decidir cuál de las dos llevaría el embarazo?  

    Sí, esa fue la decisión más fácil. Karen anhelaba llevar el embarazo, así que esa era la solución correcta para ambas. Sin embargo, sí consideramos que el niño no iba a tener los genes de Catherine, y si esto significaría algo para las personas cercanas. ¿Es algo que afectaría el sentimiento de cariño de los futuros abuelos? ¿Cómo iba a sentirse el resto de la familia? Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que ninguna de estas cosas era cierta. 

    ¿Cómo eligieron al donante de esperma? 

    Deseábamos saber todo lo posible sobre nuestro donante, por lo que  buscamos  un  donante de esperma  con perfil ampliado. Una vez escuchamos a una madre soltera (por elección) hablar de este tema. Decía que para concebir a su hijo quería hallar un donante que representara el tipo de hombre del que podría enamorarse. Nosotras pensamos lo mismo. 

    Estudiamos cientos de perfiles. Lo primero que mirábamos era el color de pelo y de piel. Queríamos un hijo que se pareciera a nosotras. También dimos gran importancia a los valores, talentos e intereses del donante. No buscábamos un genio ni tampoco al más atractivo. Buscábamos un donante que nos atrajera y nos transmitiera la sensación de que era la persona correcta. 

    Al final, teníamos dos donantes. Los dos con perfiles fantásticos. Y las fotos de pequeños de ambos parecían de niños que podrían ser nuestros, precisamente eso sentíamos. 

    Karen prefería uno, y Catherine, el otro, pero al final fue la nacionalidad del donante lo que determinó la decisión. Uno era estadounidense, y el otro, danés. Elegimos al danés. También nosotras vivimos en Dinamarca, por lo que tal vez sea más fácil para nuestro hijo ponerse en contacto con el donante al cumplir los 18 años, si lo desea. 

    Cryos abre las posibilidades a las parejas LGBTQ mediante el uso de esperma de donante

    En 2017 llegó otro pequeño a nuestra vida, fruto de un gran amor y de la ayuda del esperma de donante. Las madres del pequeño, Karen y Catherine (nombres ficticios), se habían sometido a un tratamiento de fertilidad en una clínica en Dinamarca, donde viven, y después de intentarlo cuatro veces estaban listas para recibir un poco de alegría. 

    ¿Cómo fue el proceso hasta lograr el embarazo? 

    Acudimos a una reunión en la clínica de fertilidad, y después todo ocurrió rápidamente. Creíamos que el proceso para dar inicio al tratamiento sería muy largo, pero en realidad solo 14 días después de la reunión, Karen tuvo la primera inseminación. Y después de cuatro intentos, quedó  embarazada. 

    ¿Qué pensaron cuando tuvieron en las manos la prueba de embarazo positiva? 

    Estábamos felices aunque un poco cansadas. Karen se había levantado a las cuatro de la mañana porque no veía la hora de hacerse la prueba. Catherine se despertó poco después, y ¡lloramos de felicidad! 

    El mismo día, dimos la noticia a nuestras familias. Habían sido parte natural del proceso, y los más cercanos nos habían acompañado a lo largo de este muy, muy de cerca. Para nadie era un secreto que estábamos intentando concebir, y fue realmente un alivio poder compartir la alegría con ellos en ese mismo instante. 

    ¿Cómo fue convertirse en madres? 

    En realidad fue un poco más fácil de lo que imaginábamos, sobre todo al principio. Nuestro hijo es muy tranquilo, y el permiso por maternidad fue un período increíble, así que todo fue más fácil de lo que nos esperábamos. Era un niño tan alegre, que el primer mes que pasamos juntos nos pareció un puente muy divertido. 

    Ahora ha empezado ya la cotidianidad con todo lo que esta conlleva: trabajo, guardería, cocina, aseo y, entre todo eso, tiempo para seguir siendo una pareja. 

    Gran parte del tiempo estamos muy cansadas, pero eso nos lo esperábamos. 

    ¿Han pensado en cómo le contarán a su hijo que fue concebido con gametos de donante? 

    No podemos ocultárselo, y no queremos hacerlo. Creemos que es importante contarle cómo fue concebido. Si lo ocultamos o evitamos hablar de ello, sería como decirle que es algo malo. Y no queremos que lo piense. 

    ¿Cuál fue la parte más difícil del proceso? 

    La parte más difícil fue toda la reflexión anterior al inicio del proceso. Queríamos lo mejor para nuestro hijo, pero aprendimos que teníamos que lanzarnos de cabeza y someternos a todo el proceso para lograrlo. 

    Lo pensábamos y lo discutíamos desde hacía años, pero cuando tuvimos la reunión en la clínica sentimos que todo era posible. En esa reunión, recibimos una orientación extraordinaria y un fuerte sentido de seguridad que le ayudó no solo a Karen a vivir con gran naturalidad el llevar el embarazo, sino también a Catherine, el convertirse en madre. 

    ¿Qué recomendarían a otras personas que están pensando en emprender o que han emprendido la trayectoria para convertirse en padres con ayuda de donante de esperma? 

    ¡Considérenlo todo muy bien! No es una decisión que se pueda tomar de la noche a la mañana. Piensen si lo mejor para ustedes es recurrir al uso de  donante de esperma  y  qué tipo de donante desean  para el hijo o los hijos que tendrán. 

    Una vez que hayan reflexionado a fondo, busquen ayuda profesional. Pero asegúrense de dar cada paso solo si están bien seguros de lo que hacen. Porque el proceso puede llevarlos muy lejos en muy poco tiempo.